Sagrados Titulares

Para la mayoría de los cristianos, la Virgen del Carmen es conocida debido a que es una de las advocaciones de María más representadas en el mundo. Su denominación procede del lugar “Monte Carmelo”, en Israel, un nombre que deriva de la palabra “Karmel” que a su vez significa “jardín”. El 16 de julio de 1251, la imagen de la Virgen del Carmen se le habría aparecido a San Simón Stock, superior general de la Orden del Carmelo, a quien le entregó sus hábitos y el escapulario, principal signo del culto mariano carmelita.

La imagen que veneramos en Torre del Mar goza de gran belleza y sigue las líneas clásicas del modelo iconográfico característico. Cabe reconocer en la Imagen de Nuestra Señora del Carmen un auténtico “documento de época”, en el sentido de ser una obra completamente realizada por procedimientos artesanales conforme a las convenciones técnicas propias de la escultura en madera policromada, pero cuyos planteamientos iconográficos delatan la sugestión y la influencia ejercida sobre los imagineros por los modelos popularizados desde los talleres de imaginería seriada que, desde 1880, comenzaron a surgir en Madrid y el Levante Español: Valencia, Barcelona y Olot para ser más exactos. Además de mostrarla en actitud de ofrecer el Escapulario y en su condición de Mujer Apocalíptica y Reina, la iconografía de Nuestra Señora del Carmen la presenta como Deípara o Theotokos, esto es, como Madre de Cristo, lo cual presupone la presencia entre sus brazos del Niño Jesús que porta en su mano izquierda una jábega de plata. Más allá de su significación popular y “pintoresca”, el atributo iconográfico de la barca resulta especialmente relevante en manos de Cristo Niño, por cuanto desde el arte cristiano primitivo representa la insistencia en el componente escatológico. La promesa de salvación y de una vida eterna más allá de este mundo se fundamenta en la resurrección de Jesucristo por la que se promete, en absoluto sentido “democrático”, esa resurrección a todos los cristianos.

Desde el punto de vista formal, el anónimo artista ha compuesto una imagen de la Virgen de canon corporal esbelto, en posición estante, que adelanta con elegancia el brazo derecho en actitud comunicativa y dialogante con el espectador al que entrega el escapulario, mientras sujeta con su mano izquierda al Niño Jesús que, vestido con tunicela azul, abre los brazos bendiciendo y acogiendo a los fieles con la diestra. Los pliegues de la túnica y el escapulario con el escudo del Carmen descienden con elegancia, dando réplica al manto que, como es habitual en las interpretaciones carmelitanas, se coloca directamente sobre la espalda a modo de capa de tonos crudos, tachonada de estrellas y ornamentada con rameados marginales, a modo de orla, que aparece prendida con un broche bajo el cuello del personaje. En la base de la efigie, los bajos de la túnica se deslizan con suavidad, con la intención de dejar visibles los pies de la Virgen, calzados con sandalias. La Virgen cubre su cabeza con una toca blanca con finos motivos vegetales, que imitan la textura de un velo, y orlada con una greca dejando ver el cabello lacio, cuyos mechones caen sobre los hombros. Para evitar una excesiva sensación de pesadez, los bajos de la capa ascienden por el lado derecho, acompasando el movimiento del brazo y plegándose en el aire con cierto vuelo, dejándose caer verticalmente en el flanco opuesto. La policromía de las vestiduras se antoja muy tosca, por cuanto se aprecia la superposición de capas pictóricas sucesivas que embrutecen el modelado prístino. No sucede lo mismo en el caso de las carnaciones, de gran belleza en la actualidad.

Desde el punto de vista fisionómico, el Niño Jesús –esculpido en el mismo bloque escultórico que su Madre- evidencia el recuerdo de las interpretaciones tardobarrocas granadinas del personaje, tanto pictórica como escultóricamente hablando, con cierta propensión al efecto sensible y algo edulcorado inherente a tales tipos. La Virgen suscribe la introducción de las claves idealistas tan recurrentes por parte de los escultores del ámbito de la Granada de los siglos XVII y XVIII. En concreto: ojos alargados, de párpado muy plano y semicerrados, en actitud introspectiva y ausente y forma almendrada, boca de labios pequeños y apretados como esbozando una vaga sonrisa, nariz recta, aire algo mayestático y rostro de perfil triangular. Tales rasgos aspiran a enlazar, y cada artista conforme a sus posibilidades, con la mejor tradición de la escultura del XVII y XVIII en la ciudad del Darro, el aire vagamente melancólico de la mirada se amortigua bajo las cejas de entonación castaña, firmemente dibujadas.

El análisis estilístico de la Imagen de Nuestra Señora del Carmen de Torre del Mar se desprende una clara sugestión de las populares imágenes letíficas marianas que José Navas-Parejo Pérez ejecutase a finales de los años treinta, en los casos de María Auxiliadora (1937-1938) de los Salesianos de Málaga, la Virgen de los Remedios (1938) patrona de Vélez-Málaga, y especialmente de la propia Virgen del Carmen Coronada (1938) de “El Perchel”, entre otras. Sin querer ni poder entrar en atribuciones nominales por la referida ausencia de documentación, Nuestra Señora del Carmen de Torre del Mar guarda similitudes evidentes con las imágenes referidas, aunque resulta ser una obra de formas mucho más esquemáticas y acabado más sumario y simplificado que aquellas. En consecuencia, las características de la hechura nos llevan a considerarla una pieza de taller que recuerda los modelos precitados –y por extensión muy conocidos en la Andalucía Oriental de 1940/1970- de José Navas-Parejo Pérez, perpetuados por sus colaboradores directos –entre ellos, sus hijos, José Navas-Parejo Jiménez que, en unión de sus hermanos Luis, Enrique y Emilio, asumieron la dirección artística del prolífico taller paterno- aunque, en este caso concreto, de la mano de uno de tantos artífices granadinos del momento que recreaba, en función de sus posibilidades, los patrones al uso en la imaginería religiosa tradicional y, especialmente, los de los artífices de más acreditada fama y prestigio.

El 16 de Julio de 2019, el Párroco de San Andrés Apóstol de Torre del Mar, D. Miguel Ángel Alonso Oliva junto a nuestro Consiliario y Vicario D. José Morales Melguizo, proclamó delante de todas las autoridades y público asistente como PATRONA DE TORRE DEL MAR por aclamación popular a Ntra. Sra. del Carmen, dada la devoción y su gran arraigo en nuestro Pueblo durante los más de 50 años desde su llegada a nuestro Pueblo, una devoción al Carmelo que se pierde en los tiempos más remotos de nuestra historia más antigua, cumpliéndose así el anhelo de todos los torreños con su Virgen del Carmen, un cariño, fervor y devoción que siempre han estado entorno a su Patrona Ntra. Sra. Del Carmen y que han convertido su procesión de alabanzas por las calles, plazas y bahía de cada 26 de Julio por nuestro Pueblo, como uno de los actos devocionales más multitudinarios de toda Andalucía, al cual acuden devotos y fieles de todas partes de España e incluso del extranjero, atraídos sin duda por la enorme fe y fervor que despierta nuestra Sagrada Titular en todos ellos.

AVE MARIS STELLA.

Fuente: Juan Antonio Sánchez López, doctor en Historia del Arte y profesor de la UMA.

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