Historia del Carmen en Torre del Mar

LOS ORÍGENES E  HISTORIA DE LA ADVOCACIÓN A  NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN DE TORRE DEL MAR.

Desde los inicios de la Edad Moderna, la religiosidad popular en Torre del Mar siem­pre tuvo su epicentro en la Parroquia de San Andrés Apóstol. La escasez de documentación, unida a la falta de datos que las fuentes históricas nos han proporcionado, resulta ser un hán­dicap importante a la hora de establecer el recorrido histórico de la presencia que tuvo esta parroquia, al menos hasta finales del siglo XIX. Su fundación bien pudiera estar ligada a la Conquista de la Ciudad de Vélez-Málaga por las tropas de Fernando el Católico, que tuvo lugar el 27 de abril de 1487. Uno de los cronistas del monarca, Fernando del Pulgar, nos deja un testimonio muy esclarecedor al respecto:

Entregose esta ciudad de Vélezmalaga al Rey Don Fernando Viernes veinte e siete días del mes de Abril, en el año del nacimiento de Nuestro Redentor Jesu Cristo de mil e cuatrocientos e ochenta e siete. Fundaronse luego en las mezquitas de aquella ciudad cinco iglesias: una a la advocación de Sancta Maria de la Encarnación, otra a la advocación de Santiago, otra a la advocación de Santa Cruz, otra a la advocacion de San Andres, e otra a Sant Estevan; para las cuales la Reyna embio cruces, e cálices, e ornamen­tos, e todas las cosas necesarias al culto divino.

Contrastando la información que aporta Fernando del Pulgar con el mapa eclesiástico que, siglos más tarde, realizaría el religioso franciscano Francisco de Védmar en su Historia Sexitana, resulta llamativo que la única iglesia que éste no mencione sea precisamente la de San Andrés, por lo que pudiera ser que no estuviese dentro de los límites geográficos de Vélez-Málaga, estableciendo la hipótesis de que, efectivamente, la parroquia de San Andrés Apóstol de Torre del Mar fuese una de las que, tras su paso por la población, dejase institui­das el referido monarca. Junto a la fundación propiamente dicha, la erección canónica de la parroquia y la dedicación del propio templo bajo la advocación de San Andrés Apóstol, uno de los pescadores de hombres10 y hermano de San Pedro, que Jesús mandó llamar mientras andaba paseando junto al Lago de Galilea, estaría justificada a todas luces, habida cuenta que, geográficamente, Torre del Mar se sitúa a orillas del Mar Mediterráneo, siendo la pesca una de sus mayores fuentes de riqueza hasta bien entrado el siglo XIX.

Aunque la presencia del culto a la Santísima Virgen del Carmen en Torre del Mar no pueda documentarse con anterioridad a las primeras décadas del siglo XX, por ser este pueblo de tradición eminentemente marinera, no sería incongruente pensar que los lazos de unión entre la Madre de Dios y Torre del Mar se remontasen varios siglos atrás. Sin lugar a dudas, el binomio inextricable Virgen-Mar se remonta a tiempos pretéritos, para adquirir una dimen­sión personalizada cuando la relación que, desde antiguo, se atribuye a la Reina de los Cielos con el mar reconoce una de sus más fervientes demostraciones “materiales” cuando hablamos de la Madre del Pueblo de Torre del Mar.

En Andalucía, el cariño y la devo­ción popular a la Virgen del Carmen se hace presente y latente por los distintos pueblos que jalonan la costa mediterránea. Torre del Mar no podía ser menos, y el amor a la Santísima Madre se ve reflejado en los numerosos devotos que acompañan a la Sagrada Imagen tanto en el Rosario de la Aurora que se realiza el primer sábado del mes de julio, en el besamanos celebrado el día de su onomástica, así como en la salida procesional cada 26 de julio, o con el sinfín de hijos que caminan devotamente junto a su Madre, formando el cortejo procesional con los pies descalzos y ataviados con el traje típico de marengo, que se compone de camisa blanca, pantalón oscuro remangado a la altura de la pantorrilla, y fajín de color rojo.

De la misma forma, serán miles los fieles que den testimonio público en cada acto que realiza la Hermandad a lo largo de todo el año, dando muestras de la fe que sin mesura no hace sino acrecentarse aún más cada año. Una fe que anualmente se ve renovada y rejuve­necida con los cientos de niños a los que, cada 15 de julio, festividad del Doctor Seráfico San Buenaventura y segundo día del Triduo, le es impuesta la medalla de la Hermandad, como punto de partida en sus vidas de la devoción hacia Nuestra Señora del Carmen. Además del preceptivo Triduo en las jornadas del 14, 15 y 16 de julio y de la misa de Hermandad celebra­da mensualmente, la vida cotidiana de la parroquia discurre, a diario, con la nave de la iglesia literalmente llena de personas que entran a venerar y rezar fervorosamente ante la Imagen de Nuestra Señora del Carmen.

Los primeros testimonios documentales que hacen referencia a la presencia de una imagen de la Virgen del Carmen en Torre del Mar son de principios del siglo XX, ya en el nuevo templo decimonónico. Se trata de una de las fotografías que tomó del interior de la iglesia el antes mencionado fotógrafo Lucien Roisin Besnard, don­de podemos verla dispuesta sobre un trono de carrete, colocado justo a los pies del altar al lado de la Epístola. La imagen responde estilísticamente a las piezas seriadas que, desde el período finisecular del XIX, realizaban los conocidos Talleres “El Arte Cristiano”, de la localidad gerundense de Olot. Dicha imagen fue costeada por la Familia Larios y tenía su sede en una capilla propia que estaba ubicada en los domi­nios de dicho clan, establecido con casa familiar y fábrica en el entorno de Torre del Mar. Dicha imagen procesionaba hasta la Parroquia de San Andrés el día 16 de julio para celebrar su festi­vidad en el interior del templo. Desde allí partía nuevamente diez días más tarde, el 26 de julio, festividad de San Joaquín y Santa Ana -y previa procesión marítimo-terrestre nocturna-, para re­tornar a su lugar de culto habitual en la capilla de la Fábrica. El cortejo de vuelta a su capilla, en la referida y un tanto “atípica” fecha, será el ger­men de la actual procesión, siendo ésta la expli­cación “natural” del porqué la Virgen procesiona el 26 julio en lugar del día de su festividad o el domingo inmediato a la misma, como sucede en la capital malagueña con la Virgen del Carmen Coronada de “El Perchel”

 Tras la contienda bélica que asoló por completo el patrimonio mueble de la Iglesia, desconocemos si la primitiva imagen de la Virgen que donase la Familia Larios había perecido fru­to del conflicto o no. Lo único cierto es que, en 1941, se tiene constancia, gracias a un inventario conservado en el archivo parroquial, que existía una imagen de la Virgen del Carmen entre el pa­trimonio del templo. Esta nueva imagen bien pu­diera ser la que antecede a la actual, pues gracias a la documentación gráfica conservada podemos atribuirla con rotundidad a los Talleres “El Arte Cristiano” de Olot. Concretamente, la imagen responde a otro de los modelos seriados de Virgen del Carmen, propio del segundo tercio del pasado siglo XX y distinto en este caso del primero. Los responsables de la parroquia debieron decantarse por el mismo, tras elegirlo previamente de entre los distintos tipos “ofertados” a las parroquias y fieles en general por estas casas, a través de sus conocidos catálogos. En consecuencia, esta ima­gen podría ser ya la mencionada en el citado in­ventario de bienes de 1941 como la existente en el templo, y que, en los años sucesivos, se encar­gó de procesionar por las calles de Torre del Mar la Cofradía Comarcal de Pescadores.

Precisamente, será en la década de los cuarenta del pasado siglo XX, cuando encontra­mos el inicio de la relación entre la Cofradía Comarcal de Pescadores y la Virgen del Carmen. En concreto, a principios de 1948, se crea el cargo de Capellán-asesor de la Cofradía por re­comendación expresa del entonces Obispo de Málaga y luego Cardenal, Ángel Herrera Oria, cuyo cometido era asesorarla en cuestiones morales, religiosas y sociales. Este nombramiento recayó por primera vez en D. José Peña Martín, por aquel entonces párroco-ecónomo de la Parroquia de San Andrés. Sería éste la persona responsable de conceder el permiso oportuno para que la Virgen del Carmen pudiese salir a las calles como venía siendo costumbre inme­morial. De manera puntual, y sin faltar a la tradición, cada año la Cofradía de Pescadores a tra­vés del Párroco solicitaba licencia al Obispado para sacar en procesión a la Virgen del Carmen tanto en la procesión del día 16 de julio, como en la del día 26. La primera salida, el día de su Festividad, consistía en una visita a la Fábrica de Azúcar “Nuestra Señora del Carmen” con motivo de la verbena que anualmente se celebraba en honor a la Santísima Virgen. Como se ha apuntado anteriormente, y en herencia de tradiciones pasadas, el día 26 de julio se conver­tía en el día grande, fundamentalmente por la procesión nocturna que realizaba camino a las playas de Torre del Mar. La procesión marítima de la Virgen del Carmen suscitaba el mayor de los respetos, pues existía la tradición -aún conservada por numerosos fieles- de no tomar el primer baño del verano hasta que la Sagrada Imagen bendijese con su presencia física las playas del pueblo. Esto no es más que una muestra del gran fervor, respeto y devoción que profesan los devotos de la Virgen del Carmen de Torre del Mar.

Con la segunda imagen de la Vir­gen del Carmen de Torre del Mar se repite la misma historia que con la primera. Ambas proceden de Olot.

Gracias a las fotografías conservadas, podemos precisar que la procesión se realizaba en un trono de pequeñas proporciones, probablemente realizado en Málaga, -habida cuenta de las semejanzas que la talla guarda con la decoración vegetal que ornamentaba los suntuosos tronos malagueños en las décadas posteriores a la Guerra Civil- y era portado por una veintena de hombres de la mar.

Un hito importante se producirá en 1963, según testimonios de la época. En este año se produjeron varios problemas con los Marqueses de Larios, teniendo como prin­cipal consecuencia que la Virgen dejase de acudir a la fábrica para celebrar la mencio­nada verbena del día 16 de julio con moti­vo de su festividad, tal y como venía siendo tradicional desde décadas pasadas.

Cierra este período un acontecimiento decisivo: la llegada a la Parroquia de San Andrés, en torno a 1964, de la tercera y definitiva Ima­gen de Nuestra Señora del Carmen. Entre 1964-1969 llegaba a la Parroquia de San Andrés de Torre del Mar la Imagen actual de Nues­tra Señora del Carmen, Su presencia en dicho templo atestigua la continuidad devocional de la advocación carme­litana como la tercera de las imágenes de este título que, como se ha visto, han venido sucediéndose en la vida religiosa de nuestro Pueblo, al menos de las que se tiene constancia a través de la documenta­ción gráfica conservada. Asimismo, esta Imagen es, con diferencia, la única de ellas que posee un interés plástico a conside­rar tanto por su hechura en materiales adecuados y pertinentes desde el punto de vista escultórico, como por su dignidad estética como simulacro de­vocional.

No existe el más mínimo testimonio escrito, gráfico u oral, ni tampoco la menor referencia do­cumental a las circunstancias determinantes de la procedencia de la Imagen de Nuestra Señora del Carmen, por lo cual todas las hipótesis están abier­tas hasta que el hallazgo de noticias inéditas pueda aclarar o confirmar alguna cuestión sobre el particular. Su ubicación en la Parroquia de San Andrés en las fechas referidas, responde al interés personal del, por entonces párroco, D. Juan Toro Pineda, responsable directo de su encargo  a unos desconocidos talleres de imaginería religiosa granadinos, con la intención evidente de mejorar en nobleza y calidad artística a la imagen seriada anterior de los Talleres “El Arte Cristiano” de Olot. Descartamos estilística­mente la presunta filiación valenciana de la talla que todavía se le atribuye, en detrimento de la hipótesis –corroborada por testimonios orales- que nos inclina a considerarla realizada en Granada.

Instantánea de Nuestra Señora del Carmen a su llegada a Torre del Mar en los años sesenta del pasa­do siglo XX, tomada por el maestro Amadeo Arias Jiménez.

En 1980 un grupo de amigos y devotos deciden comenzar a formar el embrión de lo que en el futuro sería a todos los efectos una hermandad, para que la imagen de la Santísima Virgen del Carmen tuviera un grupo de personas que se encargara de su culto y cuidados en la Iglesia, que unido al problema que se originó a raíz de la negativa de los portadores a salir en procesión con la Santísima Virgen del Carmen por problemas económicos, tuvo esto plenos efectos en 1981 cuando son aprobados las primeras normas  de la por aquel entonces  Asociación Parroquial de la Virgen del Carmen. El trabajo incansable de los hermanos y después de muchas vicisitudes, alentados por el entonces párroco de la Iglesia de San Andrés Apóstol, D. Francisco Ruiz Martin, se crean los primeros estatutos, siendo aprobados por la Diócesis de Málaga el 26 de Junio de 1996, erigiéndose en Hermandad canónica, siendo el primer Hermano Mayor D. Antonio López Rosique. La Hermandad hace posible, en un breve espacio de tiempo, la construcción del trono, estandarte y el barco para la procesión de Nuestra Sagrada Titular. Desde entonces es la Hermandad la encargada de que cada 26 de Julio disfrutemos todos los torreños y visitantes del caminar de nuestra Patrona Ntra. Sra. del Carmen por las calles y la  bahía de nuestro Pueblo. La Primera junta de gobierno fue la siguiente:

Hermano Mayor : D. Antonio López Rosíque
Vicepresidente: D. José López León
Secretario: D. Francisco Ortiz Gutiérrez
Tesorero: D. Federico Vázquez Diez
Vocales: Antonio Segura, Fernando Marcos, Miguel López, Francisco Palacios, Antonio Carlos Checa, Salvador Vela, Esteba Cruz, Miguel Pacheco, José Puertas, Juan Navas, Miguel Rodríguez.

Es en 1999 cuando se compra la Casa Hermandad al Obispado en los bajos del “bloque del cura”, en calle Infantes nº2 de Torre del Mar. Y Posteriormente se construye en el año 2003 un nuevo barco con donativos de Hermanos y devotos de la Virgen, la construcción tiene lugar en la casa Hermandad y la realiza al igual que el primero, calafate “Pepito”, con la ayuda de hermanos de la hermandad que aun hoy en día siguen trabajando para ella.

Es en el año 2006 y con motivo del XXV año fundacional de la Asociación Parroquial que fue el embrión de nuestra Actual Hermandad, se acuerda realizar un nuevo trono, guión y estandarte, teniendo dicha efemérides como acto principal la procesión Terrestre extraordinaria el 13 de mayo, recuperando calles y barrios por los que nunca antes había pasado la imagen.

La Hermandad de Ntra. Sra. del Carmen, se ha encargado con el paso de los años de ir divulgando la devoción a nuestra Sagrada Titular, con números actos de caridad que han marcado la vida de esta hermandad cada año.

El día 21 de noviembre del año 2014,  siendo Hermano Mayor D. Miguel Guerrero Perdiguero, la Hermandad  solicitó al Excmo. y Rvdmo. Monseñor D. Jesús E. Catalá Ibáñez, Obispo de la Diócesis de Málaga, la distinción para que la ilustre y venerada imagen de Ntra. Señora, la Santísima Virgen del Carmen, obtuviese la GRACIA de ser CORONADA CANÓNICAMENTE.  Actualmente  estamos a la espera de la definitiva respuesta desde el Obispado, ya que en enero del 2018 fue remitido un escrito al anterior Hermano Mayor D. Miguel Guerrero Perdiguero, en el cual se le notificaba que dicho expediente de coronación se cerraba por no cumplir la talla de nuestra Sagrada Titular la antigüedad  mínima de 50 años,  criterio necesario para ser coronada, dicho escrito fue oficialmente contestado y argumentado en junio del 2019, siendo ya el actual Hermano Mayor D. Antonio Diaz Burrezo, que tomó posesión de su cargo el 08 de Diciembre del 2018.

El párroco de San Andrés Apóstol de Torre del Mar, Rvdo. Padre D. Miguel Ángel Alonso Oliva, junto a nuestro Consiliario y Vicario Rvdo. Padre D. José Morales Melguizo, proclamó el 16 de Julio del 2019, delante de todas las autoridades y público asistente, como PATRONA DE TORRE DEL MAR por aclamación popular a Ntra. Sra. del Carmen, dada la devoción y su amplísimo arraigo en nuestro pueblo durante los más de 50 años desde su llegada a Torre del Mar, una devoción al Carmelo que se pierde en los tiempos más remotos de nuestra historia más antigua, cumpliéndose así el anhelo de todos los torreños con su Virgen del Carmen, un cariño, fervor y devoción que siempre han estado en torno a su Patrona Ntra. Sra. del Carmen de Torre del Mar y que han convertido su procesión de alabanzas de cada 26 de julio en uno de los actos devocionales más multitudinarios de toda Andalucía, al cual acuden devotos y fieles de todas partes de España, incluso del extranjero, atraídos sin duda por la enorme fe y fervor que despierta nuestra Sagrada Titular en todos ellos.

El Teniente de Alcalde de Torre del Mar, D. Jesús C. Pérez Atencia, informó públicamente  el pasado 3 de octubre de  2019 que el Paseo Marítimo de Torre del Mar pasará a llamarse Paseo Marítimo ‘Ntra. Sra del Carmen’, al tramo comprendido entre el Río Seco y el final del Paseo en su extremo oeste. Esta iniciativa nació después de varios meses de trabajo junto a nuestra Hermandad, en la que se consensuó  la propuesta y se dio felizmente respuesta a la demanda  histórica de todos sus devotos, en la que devoción, tradición y cultura se dan la mano para poner en su lugar correcto a la Patrona devocional de nuestro pueblo, siempre vinculado y volcado hacia el mar, sus tradiciones y al fervor demostrado durante siglos hacia nuestra Madre del Carmen con sede canónica en la Parroquia de San Andrés Apóstol.

El pasado 31 de enero del 2020 prosperó, de forma unánime por el conjunto de toda la corporación municipal del Excmo. Ayuntamiento de Vélez Málaga, la propuesta de conceder la “Medalla de Oro de la ciudad de Vélez-Málaga” a la Virgen del Carmen de Torre del Mar.

      EL  MONTE  CARMELO

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– La leyenda carmelitana.

Aunque los bolandistas la refutaron en 1675, la Orden Carmelitana siempre se vanaglorió de remontar su fundación a los tiempos bíblicos. Esta leyenda supone todo un contrasentido, pues ello hubiera supuesto su existencia antes del mismo Cristianismo. En su fantasiosa búsqueda de prestigio, los Carmelitas situaban sus orígenes en el Antiguo Testamento: nada menos que en el siglo X antes de Cristo, al defender que había sido el profeta Elías quien había dictado la regla seguida por su discípulo Eliseo y los ascetas del Carmelo sobre la llanura del Esdrelón.

Pero no quedaba ahí la cosa, por cuanto a esta supuesta ‘congregación carmelita’ primitiva habrían pertenecido San Juan Bautista, el apóstol San Andrés e incluso la Virgen, en cuyo honor se había construido un oratorio en la cima del Monte Carmelo. Según Juan de Cartagena, Pedro Tomás Saraceno y otros autores carmelitas, estos ‘monjes’ seguidores de Elías todavía existían en los tiempos evangélicos, cuando bajaron del Monte Carmelo para extenderse por Galilea, Samaria y Judea, aportando el magisterio de su vida religiosa. Siempre a partir de estas opiniones sin fundamento histórico, San Juan Bautista fue uno de estos ‘carmelitas’ que vivió rodeado de discípulos. Algunos de ellos eran hombres ilustrados como San Andrés, hermano de San Pedro, que más tarde fue apóstol y “pescador de hombres” al abrazar la fe de Cristo, lo que explica su alta consideración en los programas iconográficos carmelitanos.

Además de San Andrés, Silas (futuro compañero de San Pablo) y otros `carmelitas´ de este tiempo también se convirtieron en discípulos de Cristo después de la muerte de San Juan Bautista y se unieron a los Apóstoles el día siguiente de Pentecostés. Por si todo ello no fuese suficiente, los Carmelitas defendían que la propia Virgen fundó en Jerusalén un monasterio con ciento cincuenta mujeres con las que vivió y a las que dio la regla del profeta Elías y, por eso, Ella misma les llamaba “mis hermanos”. También afirmaban que San Antonio Abad y San Pablo Ermitaño habrían estado vinculados al Carmelo, extendiendo la regla por tierras de Egipto. La falsificación histórica de sus orígenes les movió igualmente a considerar a Luis IX de Francia el artífice de la implantación de la Orden en Europa, al favorecer su traslado desde tierras de Palestina a raíz de las Cruzadas. Sin embargo, el jesuita Daniel Papebroeck demostraría la verdad histórica que sitúa los orígenes reales de la Orden Carmelitana en el siglo XII y reconoce en Berthold su primer Padre General, no sin polémica por parte de los interesados.

Efectivamente fue en 1187 cuando algunos penitentes peregrinos provenientes de Europa se establecieron junto a la “Fuente de Elías”, en el Monte Carmelo, para vivir de forma eremítica a imitación del profeta Elías. Habiendo construido una pequeña iglesia en medio de las celdas, la dedicaron a la Virgen, adoptando en su honor el nombre de “Hermanos de Santa María del Monte Carmelo”. Para obtener una cierta estabilidad jurídica, este grupo de ermitaños se dirigió al Patriarca de Jerusalén, Alberto Avogadro, que redactó para ellos una norma de vida conforme a su propósito entre 1206-1214. La existencia de esta normativa ayudó y contribuyó decisivamente al proceso de transformación del grupo en una Orden Religiosa, con la aprobación definitiva de la Regla por Inocencio IV en 1247. Fue entonces cuando los Carmelitas quedaron inscritos dentro del número de las Ordenes Mendicantes.

Sin embargo ya desde algunos años antes, en 1235, los frailes comenzaron a abandonar el Carmelo y regresaron a sus países de origen en Europa, como consecuencia de las incursiones de los sarracenos para recuperar los territorios conquistados por los cruzados.

De todas formas, es innegable la vigencia de una tradición histórica que une la memoria del monte Carmelo en Palestina a la Orden Religiosa que toma su nombre del mismo. Como recuerda el I Libro de los Reyes, fue allí donde el profeta Elías luchó solo contra los cuatrocientos cincuenta sacerdotes de Baal para demostrar la verdadera fe en el Dios de Israel.8 También sería en este lugar donde el mismo Profeta y Acab vieron aparecer “una nubecilla como la palma de la mano de un hombre que sube del mar”, portadora de la lluvia que dio nuevamente la vida después de la sequía. Desde entonces, el monte Carmelo fue considerado el jardín floreciente de Palestina y todo un símbolo de fertilidad y belleza. Karmel o Al-Karem, de hecho, significa “jardín”; y, por eso mismo, la iconografía carmelitana interpretó en la nube que trae la lluvia para regar la tierra una visión de María que trajo al mundo su salvación en Cristo.

En este sentido, la obsesión carmelitana por considerar a Elías como su presunto fundador también les movió a adoptar sus palabras como lema de la Orden: Zelo zelatus sum pro Domino Deo exercituum (“Ardo de celo por el Señor, Dios de los Ejércitos”). Del mismo modo, cuando en 1499 aparece por primera vez el escudo carmelitano en la cubierta de un libro sobre la vida de San Alberto carmelita lo hace con cinco elementos inequívocos: una montaña estilizada con las laderas redondeadas y proyectada hacia el cielo referida al Monte Carmelo, tres estrellas de seis puntas (una de plata en el centro de la montaña y dos de oro sobre el fondo blanco, a derecha e izquierda de la montaña), una corona de oro que representa el Reino de Dios, el brazo de Elías empuñando una espada de fuego y una cinta con la referida inscripción y doce estrellas alusivas al carisma mariano de la Orden.

– Los temas iconográficos carmelitanos.

La iconografía de la Orden carmelitana participa de los mismos objetivos que las diferentes Órdenes Religiosas tuvieron al promover imágenes para sus iglesias y conventos. Un nexo común entre la iconografía de todas ellas es divulgar a través de la creación artística una serie de temas de gran alcance propagandístico, que las indujo a alabarse a sí mismas explicando al público sus aportaciones a la Iglesia Universal. De paso, las representaciones iconográficas dejan sentada la presunta ‘superioridad’ de cada Orden sobre sus restantes ‘competidoras’. Para conseguir este propósito, nada mejor que exponerlo visualmente a través de una galería de sucesos y personajes emblemáticos que exaltan el espíritu y el carisma singular de la Orden en cuestión. Los retablos, los ciclos pictóricos y las series de grabados fueron las herramientas utilizadas para conseguirlo, dejando de manifiesto la eficacia comunicativa, persuasiva, didáctica y catequética del Arte.

Con independencia de los temas artísticos centrados en una serie de personajes emblemáticos para el Carmen Calzado y el Carmen Descalzo, en devociones muy concretas o bien en una serie de asuntos alegóricos, la Virgen y las escenas relacionadas con Ella son las grandes protagonistas de la iconografía carmelitana. Máxime, cuando ya hemos señalado antes la convicción de la Orden de que la misma María había sido prefigurada en el Antiguo Testamento bajo la forma de la nubecilla divisada por Acab, a indicación de Elías, desde la cumbre del monte Carmelo.

La unión con la Divinidad es uno de los grandes sueños del Barroco. La importancia de señalar la presencia de lo sobrenatural en el devenir terreno es uno de los factores que explican el auge del tema de la Entrega del Escapulario, con el que los Carmelitas prometían a los fieles unos beneficios espirituales semejantes a los ofrecidos por los Dominicos con el rosario, los Agustinos con la correa y los Franciscanos con el cordón de San Francisco. La versión más antigua de la historia se encuentra en el Flos Carmeli o Catálogo de los santos carmelitas, incluido en el Viridarium compuesto entre 1413-1426, por el Prior General Juan Grossi.

Según esta tradición literaria, un día incierto de 1251, para algunos el 16 de julio, la Virgen se apareció a San Simón Stock, sexto General de la Orden desde 1247, en el monasterio carmelita de Aylesford, Kent, (según otras fuentes en Cambridge) en Inglaterra, haciéndole entrega del Escapulario con la virtud de librar de las penas del infierno a quien lo llevara y asegurándole la pervivencia de la Orden “mientras fluyan las olas del mar y el sol siga su curso por el espacio”. Con este regalo, María correspondía a los insistentes ruegos de San Simón Stock, quien una y otra vez le suplicaba fervientemente: “Flor del Carmelo/viña florida,/esplendor del Cielo/Virgen fecunda,/singular./¡Oh Madre tierna,/intacta de hombre,/a los Carmelitas/da privilegios!/¡Estrella del Mar!”.

Sin cuestionar la leyenda religiosa, la realidad histórica fue bien distinta y está ligada al difícil establecimiento de la Orden en Europa, dado que los Carmelitas sufrían muchas persecuciones por la oposición de las restantes Órdenes Religiosas a su establecimiento en pueblos y ciudades. Este duro panorama llevó a San Simón Stock a propagar el relato de la presunta aparición de la Virgen de la que él mismo habría sido testigo. Su intención era probar que tanto Ella como Dios estaban con los Carmelitas, difundiéndose desde entonces la devoción al Escapulario con un éxito espectacular. En 1272, los Carmelitas llegaban a España.

De esta historia, se derivan varios asuntos iconográficos carmelitanos:

  1. San Simón Stock recibe el Escapulario de manos de la Virgen, prometiéndole el abrigo del fuego eterno para quien lo portase: Hoc erit signum tibi et cunctis Carmelitis quod in hoc pie moriens aeternum non patietur incendium (“Éste será el privilegio para ti y para todos los Carmelitas: que el que muera con él no padecerá el fuego eterno”).
  2. La Bula Sabatina, esto es el privilegio concedido por la Virgen anunciando, cada sábado, la liberación del Purgatorio de un alma que hubiese llevado en vida el escapulario.
  3. La Virgen (y el Niño) ofrece el Escapulario a las almas y a los fieles, en compañía de los ángeles.
  4. La Virgen saca un ánima del Purgatorio, que a veces se agarra impetuosamente al manto en su afán por escapar de las llamas.
  5. La Vid del Carmelo. En palabras de San Simón Stock, la Virgen es la Vitis florigera o “Vid floreciente” como el fuerte tallo de Jesé del que nació una flor brillante. La Virgen aparece al pie de una frondosa vid que florece en Cristo Crucificado y de cuyos sarmientos brotan los grandes hombres y mujeres de la familia carmelitana.
  6. Regina Decor Carmeli (Apoteosis de la Reina y Hermosura del Carmelo). La Virgen aparece entronizada en la gloria rodeada de Elías, Eliseo, los ‘primeros’ carmelitas, protegiendo bajo su manto a los santos y santas del Carmelo.
  7. La Fuente del Carmelo. Elías con Santa Teresa y San Juan de la Cruz rodean una fuente en compañía de los frailes y monjas del Carmen Descalzo.
  8. La Fuente de Elías. El profeta es el eje central de una fuente alegórica en torno a la cual le rinden homenaje los fundadores de las grandes Órdenes Religiosas, los Doctores de la Iglesia y los santos y santas del Carmelo. Desde el cielo, Cristo y su Madre nutren la fuente con la sangre del costado y la leche del seno.

En cualquier caso, el principal tema de la iconografía de Santa María del Monte Carmelo es aquel que apoya la doctrina de la Iglesia Católica acerca del valor de la oración para contribuir a la purificación de los difuntos en el Purgatorio. Esta creencia se basa en el Segundo Libro de los Macabeos que narra el llanto de Judas Macabeo por sus soldados fallecidos y su certeza al exponer que “es cosa santa rezar por los muertos, a fin de que sean libres de su culpa”.20 En este contexto, el éxito del Escapulario del Carmen se relaciona con las tesis del Concilio de Trento en 1563, en su decreto sobre la existencia del Purgatorio que había sido agriamente cuestionada por Martín Lutero y los protestantes.

Cuando llegan los días de preparación de los Santos y los Difuntos, la mirada se vuelve a esas láminas antiguas, sobre las cabeceras de las camas, en las que la Madre del Carmen intercede, poderosa, sobre las ansiosas ánimas del purgatorio para alcanzar el esperado Paraíso.

Será uno de los ejes fundamentales de la devoción carmelitana. Desde los siglos XIII y XIV, los laicos comienzan a pedir la participación en los bienes espirituales de la Orden del Carmen, conservando su condición de seglares, en medio del mundo. Aquí aparece de lleno el suceso fundamental desde la tradición de la Orden de la Entrega del Escapulario a San Simón Stock. Según esta tradición, san Simón Stock, en el siglo XIII, sobre el año 1251, habría tenido una visión de la Virgen que le entregaba el Escapulario con estas palabras: Ésta es una señal de salvación para ti y para tus hermanos: los que mueran vestidos con él se salvarán.

El lugar de la aparición se sitúa en Cambridge o en Aylesford, en la noche del 15 al 16 de julio del referido año de 1251. Aunque la forma de transmitir estos datos no se hiciera con la veracidad que hoy acostumbramos es tal fuerza de este suceso que pronto se convertirá en señal de la protección continua de la Virgen María sobre toda la Orden del Carmen. Aunque es común a muchas órdenes, en ninguna ha permanecido con tanta fuerza como en el Carmelo.

Las palabras de la Virgen en la entrega del escapulario anunciaban su intercesión en la hora de la muerte, así nace el Privilegio Sabatino. El origen parte también de una visión de la Virgen al papa Juan XXII donde le promete la salvación y liberación del purgatorio a todos los carmelitas el sábado después de su muerte. Y carmelitas son no sólo los que han hecho su profesión religiosa en el Carmelo, sino también los laicos que participan de los bienes de la Orden, los que visten su escapulario. Es decir, había que vestir el hábito, el escapulario (un tiempo fue antes la capa blanca), observar la castidad según el estado propio, recitar las horas canónicas, practicar el ayuno y abstenerse de carne el miércoles y el sábado.

El privilegio de la Bula Sabatina del Carmen

hermandad-virgen-del-carmen-torre-del-mar-el-carmelo-02La fecha de la Bula Sabatina es el 3 de marzo de 1322. Las condiciones de este privilegio encajan muy bien con la espiritualidad carmelitana, donde hay que honrar a María con la castidad según el estado propio, recordando que somos hermanos de la Virgen Purísima. Los pontífices fueron aprobando y renovando esta bula en las centurias siguientes, poniendo de relieve el bien que hacía en el pueblo de Dios, como la bula Ex clementi del 12 de agosto de 1530. No pocas fueron las ocasiones en que desde diversos lugares surgían voces para que no predicasen los carmelitas este privilegio sabatino, confirmado y ratificado por fin el 20 de enero de 1613. Se permitía a los carmelitas predicar que los miembros de las cofradías puedan creer que, según el privilegio, la Virgen del Carmen los ayudaría con su intercesión y protección especialmente el sábado después de su muerte. En las representaciones artísticas se especifica que la Virgen no podía sacar ella misma las almas del purgatorio, sino por mediación de los ángeles.

Y nació esa ingente cantidad de representaciones artísticas sobre la intercesión del Carmen por los difuntos, los artistas como Tiépolo, Espinal, Cristóbal Ramos y tantos otros, han dejado magníficas muestras de la bondadosa protección de la Virgen del Monte Carmelo en la hora de la muerte, recordando el viejo lema del Escapulario: En la vida protejo, en la muerte ayudo y después de la muerte salvo.
hermandad-virgen-del-carmen-torre-del-mar-el-carmelo-03Este decreto fue insertado en el Índice de las Indulgencias bajo el pontificado de Inocencio XI, el 22 de marzo de 1678. Fue renovado bajo Pío X en el índice de 1908, y casi repetido por Pío XII, gran devoto del Carmen, en la carta apostólica Neminem profecto latet, del 11 de febrero de 1950: Ni la piadosísima Madre dejará de intervenir para que sus hijos detenidos en el purgatorio por sus faltas alcancen lo más pronto posible la patria celeste, por su intercesión, según el tan conocido privilegio sabatino transmitido por la tradición.

Fuente: Juan Antonio Sánchez López, doctor en Historia del Arte y profesor de la UMA y Carmelitas descalzos Andalucía. D. Juan Dobado Fernández.